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Publicación: 14/04/2014

LA MATANZA: Censaran casos de adicción al paco

paco1El Ministerio de Salud provincial y Defensoría del Pueblo relevarán casos de adicción al “paco” en barrios más vulnerables de la Provincia. Uno de los lugares a revelar será el distrito de La Matanza, donde hay una gran cantidad de adolescentes adictos a este tipo de droga y donde el barrio Puerta de Hierro, es denominada en ese aspecto como una las zonas más calientes del distrito.

Hoy se sabe que el “paco” es la droga más nociva de todo el mercado ilegal. Que genera adicción y compulsión a querer más de inmediato. Que los que más consumen son los adolescentes y que en menos de dos semanas ya tienen problemas pulmonares, desnutrición, deshidratación y la mente en stand by. Sin embargo, son pocos los que llegan a los CPA (Centros de Atención de las Adicciones de la Provincia) a pedir ayuda. De hecho, si se analizan las historias clínicas de las 12 mil consultan mensuales que se reciben por mes, solo el 6,2 por ciento inicia el tratamiento por el consumo de “paco” o pasta base de cocaína.

Se presume que son muchos más los que consumen que los que llegan a la consulta, sobre todo en los barrios más pobres y marginales. Frente a este panorama, el ministro de Salud de la Provincia, Alejandro Collia, el subsecretario de Atención a las Adicciones, Carlos Sanguinetti y el Defensor del Pueblo de la Provincia, Carlos Bonicatto, firmaron un convenio: en 60 días tendrán una primera muestra de tres barrios “calientes” en materia de consumo para saber, con datos estadísticos certeros, cuántos chicos consumen pasta base.

“Para poder generar políticas públicas tenemos que tener muy claro quiénes, cuántos y dónde están los consumidores, y por eso iniciamos este relevamiento conjunto con la Defensoría”, explicó Collia. Se supone que esta droga que comenzó a diseminarse en la década del 90 está hecha con los residuos de la cocaína. Pero muchas veces, se sabe, suma sustancias todavía más tóxicas que hacen estragos en los chicos y desconciertan a los toxicólogos.

Los equipos de Adicciones y la Defensoría tendrán listo en 60 días un primer diagnóstico de situación. Lo harán a partir de encuentros pautados con referentes de tres barrios considerados “zonas calientes” en materia de consumo.

Durante la firma del convenio en el ministerio de Salud, el subsecretario de Adicciones precisó que se trabajará, en esta primera etapa, en los barrios Altos de San Lorenzo de la Región Sanitaria XI, Villa Albertina de Lomas de Zamora y Puerta de Hierro de Ciudad Evita.

“Luego haremos un censo en el resto de la Provincia para conocer la prevalencia en el consumo de paco y con los datos certeros podremos colaborar en el desarrollo de políticas y estrategias de abordaje de los consumidores”, explicó Bonicatto.

Las Madres del Paco coinciden: “Desde el día en que empezó a consumir mi hijo es otro chico”. Por eso, entienden los especialistas, es necesario ‘empoderar’ a estas mujeres, darles orientación y apoyo para sepan cómo abordar a ese “nuevo hijo” con una adicción que genera un deterioro atroz de la salud en menos de dos semanas.

Para el relevamiento será clave el aporte de los referentes barriales a los equipos que van a intervenir. El trabajo permitirá cuantificar e identificar el problema. “A partir de ahora vamos a trabajar en la prevención y en estrategias que nos permitan llegar cuanto antes a los adolescentes que inician el consumo”, explicó la licenciada Patricia Mansi, de la Subsecretaría.

Según el gobierno de la provincia de Buenos Aires, el consumo intenso de paco puede producir muerte cerebral en al menos seis meses. El adicto al paco puede fumar por día, en promedio, de diez a quince cigarrillos. El efecto de un cigarrillo de paco dura de dos a cinco minutos. Suponiendo que la droga se logró al menor precio actual (2 pesos, aproximadamente 0,62 dólares) entonces, al mes tendrá que gastar entre $600 y $900 pesos en lugar de $300 a $450 como ocurría en el inicio de la comercialización, cuando costaba un peso (aproximadamente 0,32 dólares). Sin embargo, el consumo comenzó a diseminarse entre los adolescentes de clase media, quienes pagan entre $2 a $5 por un producto más sofisticado.

Si bien el paco es una droga de bajo costo, la adicción que produce y su efecto breve obliga al consumo reiterado por parte del usuario, quien puede fumar una decena o más de cigarrillos de paco por día. Los productos químicos que contiene son tremendamente dañinos para los órganos humanos, empezando por el hígado. Los usuarios también sufren de serios problemas mentales, como delirio y paranoia. Se estima que en Argentina se consumen 400.000 dosis de paco por día. El Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas del SEDRONAR indicó que el consumo de pasta base de cocaína creció en los últimos años un 200%.

La organización Madres en Lucha, que reúne unas 150 mujeres con hijos afectados por el consumo de pasta base, advirtió que en la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano mueren “dos jóvenes por semana” debido a causas relacionadas al paco.

Sus efectos en el cuerpo

En tanto el adicto al “paco” sufre en su cuerpo distintos síntomas como: Expectoración de sangre o mucosa sanguinolenta del tracto respiratorio, su consumo durante el embarazo causa efectos dañinos al feto, degradación progresiva de la piel, debilitamiento de los músculos, reducción acelerada del peso corporal (en algunos casos produce anorexia) desgano e insomnio, midriasis, náuseas y vómitos, hipertensión arterial, migraña severa, taquicardia, frecuentemente produce ulceraciones en los labios y la cavidad bucal, comportamiento errático y violento, convulsiones, entre otros.

El paco cuesta la mitad que un “faso” (cigarrillo de marihuana), y “pega” mucho más. A un peso el gramo, el paco se convirtió en la droga más barata y destructiva en las barriadas humildes del Gran Buenos Aires y algunas villas de la Capital Federal.

Se llama así en referencia a la “pasta base de cocaína”, pero en realidad se trata sólo de una variante de la pasta base, la más peligrosa y mortal. A diferencia del clorhidrato de cocaína, que necesita un laboratorio con cierta infraestructura para su producción, el paco se elabora en cualquier piecita de barrio, con instrumentos caseros y unas pocas

instrucciones.

Fumando vidrio y querosén. La pasta base se obtiene a través de la maceración de las hojas de coca, mezcladas con solventes como la parafina, bencina o éter. La presencia de los solventes, además de la coca, refuerza el carácter adictivo y el efecto rápido, intenso y de corta duración de cada dosis. El paco, al ser procesado en forma doméstica y buscando estirar el rendimiento de la pasta base, incluye en su elaboración desde ácidos convencionales hasta vidrio molido de los tubos de luz fluorescente. Lo volátil del efecto alucinógeno se debe también a que el porcentaje real de cocaína en cada dosis no supera el 10 %; el resto son químicos o elementos adulterantes que no hacen otra cosa que profundizar las lesiones cerebrales y pulmonares. La mezcla fumada “lima” la corteza cerebral y produce en poco tiempo de consumo secuelas neurológicas irreversibles por la inhabilitación permanente de los centros nerviosos, genera la pérdida de reflejos, motricidad, inteligencia y hasta memoria en los pibes adictos.

Hipocresía y complicidad gubernamental. Durante su gestión, el ex subsecretario de Prevención de las Adicciones de la provincia de Buenos Aires, Claudio Mate, dio en su momento una curiosa explicación de la aparición de esta nueva variante de la pasta base: “la salida de la convertibilidad colocó a nuestro país como una plaza poco rentable para la cocaína de máxima pureza; por eso el mercado se adaptó insertando esta nueva modalidad”. Tras esta explicación “economicista”, el entonces gobernador Solá habló de los “Planes Traficar”, en referencia a personas que perciben un plan social como ingreso y se dedican además a la comercialización de esta nueva droga.

Una y otra declaración no hicieron más que ocultar la verdadera trama del narcotráfico, reduciendo el problema a una cuestión de “adecuación de mercado” o poniendo el foco en la distribución final en los barrios, último eslabón de una cadena de la que el poder político es cómplice. ¿Se puede acaso llegar con la droga al quiosquito del barrio sin contar con las redes de protección de los poderes políticos municipales y el amparo y participación policial en el negocio? ¿A su vez, se puede llegar a cada municipio controlado por intendentes y comisarios sin un amparo e involucramiento de instancias políticas superiores?Fte.diarioNCO

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