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Publicación: 24/09/2010

CABEZAS: El sindicato de prensa emitió un comunicado donde dice “a Cabezas lo volvieron a matar”

 El Sindicato de Prensa Bonaerense denunció hoy que “con la liberación de Gustavo Prellezo, con la figura de “arresto domiciliario”, se ha completado otra trágica farsa de nuestra historia y los asesinos condenados por el asesinato de José Luis Cabezas ya están todos en libertad”.

 
A CABEZAS LO MATARON OTRA VEZ

Con la liberación de Gustavo Prellezo, con la figura de “arresto domiciliario”, se ha completado otra trágica farsa de nuestra historia y los asesinos condenados por el asesinato de José Luis Cabezas ya están todos en libertad.

Lo temíamos y lo dijimos desde el mismo día en que el crimen sacudió a la Sociedad Argentina que, sin distinción alguna, se volcó a las calles reclamando justicia y alertando sobre el riesgo de que nuevamente se enseñoreara la impunidad entre nosotros.

La movilización y el reclamo generalizado hicieron que se dejaran de lado pistas falsas y burdos encubrimientos, hasta que no tuvieron más remedio que detener y juzgar –al menos- a los que habían quedado más expuestos.

La participación de otros se fue incorporando solamente a medida que las pruebas lo hacían insostenible.

Pero en 2005 se produjo la libertad de José Luis Auge y entonces se encendieron las luces de alarma porque resultaba evidente que la maquinaria para la reducción de penas y liberaciones había comenzado desvergonzadamente; por “buena conducta”, razones de salud o cualquiera otra excusa que habilite el desvirtuado código penal.

Dijimos entonces y vale repetirlo ahora con el dolor y la vergüenza de ver confirmados nuestras sospechas:
“Y aunque la versión parecía increíble porque resultaba a todas luces un acto impensable en un régimen de derecho que medianamente se precie de tal, recordamos paso a paso lo que fue sucediendo desde aquel fatídico enero de 1997, cuando nuestro compañero fue asesinado. Estaba claro entonces que si ese bárbaro hecho había ocurrido como quedó probado durante el juicio, los criminales no podían de ninguna manera ser beneficiados aplicándoseles leyes que dan la espalda a lo que resultó del proceso y a lo que sobradamente quedó demostrado piensa la mayoría de los argentinos”.

Luego dejaron libre a otro y otro. Hasta que por fin lograron que todos los condenados quedaran en libertad y se unieran a los asesinos que siguen en las sombras para festejar el nuevo logro de la impunidad. Como lo pensaron desde un primer momento, a José Luis Cabezas lo mataron otra vez.

Nosotros repudiamos y seguiremos reclamando que se ponga fin a la impunidad, como único camino posible para evitar que proliferen y se desarrollen personajes nefastos y funcionarios que, además de no cumplir con sus obligaciones, aparecen mezclados con quienes el tribunal inapelable de la conciencia pública jamás los sacará del banquillo de los acusados.

Por eso volvemos a repetir:

“O pretenden que olvidémosle horror vivido, de la imagen de José Luis ejecutado cuando estaba de rodillas, del incendio en la Cava, de los intentos de armar pistas falsas, de inventar sospechosos y hasta enlodar las víctimas, montando un burdo escenario que terminó cayéndose por su propio peso?

¿Acaso también debemos olvidar que hasta el entonces ministro del interior Carlos Corach se prestó a participar de la trama, presentándose en persona al Juzgado de Dolores para afirmar que el arma asesina era la encontrada en poder de “Los Pepitos”, a quienes se pretendía inculpar para desviar la atención de los verdaderos criminales?

¿Debemos olvidarnos del dolor y la lucha de los padres, de la esposa, de la hermana, de los compañeros de José Luis?

¿Debemos olvidarnos de las plazas, paseos y otros lugares públicos que llevan su nombre porque el pueblo lo quiso?

Está claro que lo intentarán porque la desmemoria es su negocio. Como procuraron convencernos que la muerte de José Luis había sido obra de delincuentes comunes y que ni Yabrán ni la Policía habían participado, hasta que los hechos golpearon en la cara de quienes no lo pudieron encubrir más.

Porque así les resultará más fácil seguir liberando a los asesinos en el “marco de la Ley”, cumplir con los pactos de silencio y aplicar selectivamente todo rigor de las normas penales.

Sin dudas, se trata de demostraciones de la realidad que nos reafirman que nada ni nadie debe desviarnos de nuestros reclamos de Justicia y de rechazo a la corrupcion y a la impunidad.

Que, naturalmente, incluye no tener que seguir preguntando ¿Donde esta Miguel¬?. Porque Miguel es otra victima de la violencia oficializada que todos debemos sentir como propia

Como siempre repitiendo una vez y otra vez, dónde podamos cómo podamos: “No se olviden de Cabezas. Sin Justicia no hay democracia”.

OSVALDO URRIOLABEITIA    NESTOR MALDONADO
      Secretario General                    Secretario Adjunto

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